
Una reflexión sobre el poder y el colonialismo a propósito del relato El Reino de este mundo de Alejo Carpentier.
La novela El Reino de este Mundo (1949) del cubano Alejo Carpentier es una invitación a reflexionar sobre el poder, el colonialismo y sus consecuencias. En ella se narra la historia del Rey de Haití, Henri Cristophe o Henri I (1767 - 1820), el primer (¿y el último?) monarca negro de América, quien tras la abolición de la esclavitud en 1794, la expulsión de los colonos blancos del territorio, y la independencia de la nación en 1804 , se autoproclamó presidente de la región norte del país en 1807 y soberano del Reino de Haití en 1811.
Henri I se hizo construir la nada despreciable suma de 8 palacios, 6 castillos y la sólida fortaleza de La Ferriere, hoy considerada Patrimonio de la Humanidad y descrita con maestría por Carpentier en la obra, además de rodearse de una nobleza haitiana de su invención, que constaba de 4 principes, 8 duques, 22 condes, 37 barones y 14 caballeros. En sus intentos por organizar el país instauró el Código Henri y la Ley sálica, entre otras impopulares medidas.
En 1998 el escritor británico Giles Folden escribió la novela El Último Rey de Escocia, basada en la vida de Idi Amín Dadá, dictador ugandés que gobernó ese país entre 1971 y 1979 tras un golpe de estado, y que en 2006 fue llevada al cine por el director británico Kevin MacDonald. Es interesante ver como entre el primer Rey de Haití y el Último Rey de Escocia hay varias similitudes, a pesar de mediar entre ellos una considerable distancia espacio-temporal, entre la isla caribeña de principios del siglo XIX y la nación africana de la década de los 70.
Ambos hombres, de raza negra, llegaron al poder, tras violentos acontecimientos de "liberación e independencia", erigiéndose como inspiradores de un nuevo orden, símbolos de esperanza y un nuevo comienzo. Ellos mismos, fueron símbolos vivientes de un proceso que los llevó desde la esclavitud en el caso de Cristophe y de soldado de los "Rifles africanos del Rey" unidad colonial del Ejército británico en el caso de Amín, a la cima, autoproclamándose finalmente reyes y soberanos absolutos de sus pueblos. Lamentablemente el sueño duró muy poco. Henri Cristophe, tras una carrera militar que lo llevó a detentar el grado de general, se transformó en Henri I de Haití en 1811, instaurando una forma de gobierno casi feudal, mientras que Amín, tras una carrera militar más o menos accidentada, se otorgó en 1975 el título del "Último Rey de Escocia", "Conquistador del Imperio británico" y "Señor de todas las bestias de la tierra y de los peces del océano", entre otros. Ambos, rodeados de lujos y excesos, erigieron en torno a si un reino fastuoso e ídilico, tras los cuales se escondían la opresión y violencia sistemática sobre sus pueblos. Lo que resulta más interesante es que ambos se transformaron en copias caricaturescas de aquellos contra los cuales lucharon por tanto tiempo, los franceses en el caso de Henri y los ingleses en el caso de Amín, los antiguos soberanos europeos.
Cristophe, vestía según la moda napoleónica, Idi Amín se creía el último Rey de Escocia.
























