Desde muy pequeño Francisco Toledo demostró una especial habilidad para el dibujo, y su padre alentó esa temprana tendencia al ceder a sus colores las paredes de la casa. Su abuelo Benjamín, zapatero del pueblo de Ixtepec, multiplicó su imaginación con salidas campestres en busca de resina vegetal, perladas de relatos populares en los que los seres fantásticos se entremezclaban con todo tipo de animales y personajes legendarios.
A los once años se instaló en la ciudad de Oaxaca, para cursar la escuela secundaria. Y después en Ciudad de México, para tomar clases en el taller de grabado de la Escuela de Diseños y Artesanías, con la experiencia de haber realizado sus primeros grabados en el taller de Arturo García Bustos. Con apenas diecinueve años, expuso sus obras en México y en Fort Worth (Texas).
El gran contraste y el mestizaje enriquecedor se produjeron entre 1960 y 1965, cuando Toledo vivió becado en París para estudiar y trabajar en el taller de grabado de Stanley Hayter. A los tres años de estar en Europa presentó su primera muestra en una galería parisiense; un año más tarde expuso en Toulouse, pero también en la Tate Gallery de Londres, con catálogo escrito por Henry Miller, y en Nueva York. En Francia fue reconocido en seguida como un artista singular, especialmente celebrado, como escribió André Pierre de Mandiargues en 1964, por su «desarrollo de lo mítico» y su «sentido sagrado de la vida».
Regresó a México en 1966 con una técnica pictórica depurada que no dejaría de enriquecer, así como con la influencia de ideas plásticas de artistas de distintas escuelas europeas, como Alberto Durero, Paul Klee o Marc Chagall. Aunque, en realidad, su mayor influencia provino de los códices que recogieron los símbolos prehispánicos: con todas sus formas rabiosamente contemporáneas, el artista será un tlacuilo, un moderno e ilustre pintor de códices, y un chamán dispuesto a purificar el espíritu para devolver el goce al cuerpo.
Sobre su obra: Una estética particular
Toledo recupera técnicas antiguas e investiga con otras nuevas, tanto en la pintura como en la escultura y la cerámica. Diseña tapices que realiza con los artesanos de Teotitlán del Valle. El color y la riqueza étnica y cultural de Oaxaca catalizan su creatividad y su obra, como la de tantos otros artistas plásticos locales y extranjeros. El pintor también ha ilustrado diversos libros como: "Palabra", 1971; "Toledo-Sahagún", 1974, basado en "Historia de las cosas de la Nueva España", de fray Bernandino de Sahagún; en 1975 realiza las ilustraciones humorísticas y fantásticas para "Chilam Balam"; en 1976, el libro sobre iguanas "Guchachi".
En 1997 presentó en México, "Zoología fantástica", de Jorge Luis Borges, libro editado por el Fondo de Cultura Económica. Los originales de éste fueron expuestos en Estados Unidos, América Latina, Europa y Oriente. En este mismo año, viajó a Nueva York, ciudad a la que regresó en 1981 para ampliar sus técnicas en la cerámica. En 1983 presentó el libro de grabados originales El inicio, e inició también una larga carrera como editor.
Los críticos resaltan que el modo obsesivo con que el artista trabaja las texturas y los materiales, tales como la arena o el papel amate (el papel precolombino, hecho con corteza machacada del árbol llamado amatl o amate), así como la maestría con la que materializa su creación consiguen el efecto de que su obra parezca vibrar como si la criatura híbrida de animal y hombre, o el insecto, o la iguana, o cualquiera de sus seres tropicales pugnaran por cobrar vida real. Esa sensación inquietante que percibe el observador de la obra acaba por meterlo irremisiblemente en la visión, en el realismo fantástico del autor.
En la mayoría de sus pinturas y gouaches, la paleta está compuesta por colores cálidos y "terrosos", con la sucesión de tonos que van desde el beige hasta el café.
La distribución de los colores no homogénea crea una rica gama de luces y sombras en distintos matices que hacen los cuadros más llamativos y dinámicos. Igualmente difumina los colores oscureciendo los contornos que delimitan las siluetas, ocupando éstas un lugar especial dentro de las composiciones.
A partir del arte, Toledo expresa la relación entre el hombre y la naturaleza, relación que primero plasma mediante la línea y color -en la pintura y la gráfica- y posteriormente, por medio de las representaciones en volumen, como en el arte-objeto y en la escultura.
En la escultura, el artista continúa empleando diversas técnicas, y a través del espacio y la materia logra plasmar la relación hombre-naturaleza. Animales e insectos siguen siendo parte esencial de su temática; muchas veces éstos se confunden con elementos fálicos -por ejemplo, en la serie de los cañones-, quizás como alusión a un mundo predominantemente masculino. Las formas eróticas se hacen más evidentes ya que utiliza el volumen para concretar las figuras, y así un conejo puede transformarse en un órgano sexual, o fundirse con partes de un cuerpo femenino, logrando una metamorfosis en los personajes.
Los animales a través de los que Toledo refleja su apreciación estética de la naturaleza no se asocian con la belleza: son insectos, serpientes, sapos, iguanas, murciélagos. Y son fantásticos, como sus monstruos son juguetones, porque él no sabe de pudor ni pecado y un humor acre y delirante recorre cada pincelada de sus lienzos o cada incisión de su buril, para dejar un rastro de crudo y juicioso estudio social disfrazado de fábula, de alegoría de la crítica situación del hombre y el mundo actuales.
Maestro de pintores
Tanto su estilo como su forma metafórica de representar el mundo crearon escuela, sobre todo entre los pintores oaxaqueños, y muchos son los que pintan como Toledo. Pero su obra y su personalidad son únicas. Entre los cuadros que Luis Cardoza y Aragón llamó «cantos a la fertilidad» y otros amores, tres mujeres le dieron cinco hijos. Cena tamalitos de chipil (una hoja silvestre que le da sabor a esa masa de harina de maíz) sentado en la acera de la calle. Calificado de huraño y retraído, prefiere el silencio y se ríe con las versiones dispares que corren sobre su vida. Se junta más que con pintores, con poetas juchitecos amigos, con otros poetas mexicanos de los que ha publicado numerosos libros en Ediciones Toledo. Su obra habla por él. Y también sus actos.
Arañas (2004)
Con los años, Francisco Toledo se afianzó como la gran personalidad de Oaxaca, capital indígena, provinciana y cosmopolita. El artista fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), que cuenta con el mayor acervo de obra gráfica de creadores internacionales y una completa biblioteca de arte, además de publicar El Alcaraván, una revista imprescindible en el mundo del grabado.
Promovió también la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), inaugurado en 1992 y ubicado en la denominada Casa de Cortés, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo y el Museo de los Pintores, así como la restauración del emblemático monasterio agustino donde funciona ahora el Centro Cultural Santo Domingo. Con su biblioteca, rescató también las labores de encuadernación y cuidado de los libros.
Toledo creó en Etla, cerca de la ciudad de Oaxaca, un Taller de Papel de materiales orgánicos que da trabajo a la población y rescató parte de una factoría de hilados; en la ciudad, abrió un cine club gratuito, El Pochote, con muros recubiertos con sus bajorrelieves. Potencia el mundo cultural y las posibilidades artísticas de los invidentes con bibliotecas, exposiciones palpables o escuelas de arte y fotografía; lleva libros a las cárceles.
Al frente de la organización Pro-Oax, recupera ex conventos, logra canalizar y tratar aguas negras, o encabeza en la calle movimientos para defender las tradiciones y la comida oaxaqueñas, e igual se opone tenazmente a la apertura de una hamburguesería en la plaza central de su ciudad, que organiza «tamalizas» o reparte tortillas de maíz criollo para mostrar el valor culinario local frente a las compañías multinacionales o los alimentos transgénicos. Casi siempre desaliñado y con huaraches en los pies, resecos como su tierra, Francisco Toledo se ha convertido, como su obra, en símbolo y expresión de los más profundos mitos de México.
Observador, crítico y ecologista, su obra es también una denuncia de la deforestación y la destrucción de la naturaleza, en julio del 2000, expone la "Retrospectiva del mono" en el museo White Chapel en Reino Unido, y en 2002, en el museo Reina Sofía en Madrid. . En 2003, el artista presentó "Matando la muerte", grabados de cañones disparando contra esqueletos. El año anterior, pasó once meses pintando en un suburbio de Los Ángeles, California. Posteriormente en octubre de 2004 presentó la exposición "Pinturas recientes de Francisco Toledo", en la Latin American Masters de Beverly Hills, California.
Gentileza Embajada de México en Chile
























