El escritor plantea en la obra una relación entre Europa y América, no solucionada, o por lo menos de cuestionamiento para los personajes. Ésta relación implica un viaje, un traslado del "viejo" al "nuevo" mundo o desde la "civilización" a lo "primitivo" y el encuentro de personajes europeos y americanos en contextos hibridos, donde se entremezclan expresiones europeas y americanas en la cotidianeidad, en un constante juego entre civilización y barbarie.
Fragmento de la obra:
"Tres artistas jóvenes habían llegado de la capital un momento antes, huyendo, como nosotros, de un toque de queda que les obligaba a encerrarse en sus casas desde el crepúsculo. El músico era tan blanco, tan indio el poeta, tan negro el pintor, que no pude menos que pensar en los Reyes Magos al verles rodear la hamaca en que Mouche, perezosamente recostada, respondía a las preguntas que le hacían, como prestándose a una suerte de adoración. El tema era uno sólo: París. Y yo observaba ahora que estos jóvenes interrogaban a mi amiga como los cristianos del Medioevo podían interrogar al peregrino que regresaba de los Santos Lugares.(...) Ahora que, habiendo irrumpido en la conversación con el maligno propósito de quitar a Mouche sus oportunidades de lucimiento, yo interrogaba a esos jóvenes sobre la historia de su país, los primeros balbuceos de su literatura colonial, sus tradiciones populares, podía observar cuan poco grato les resultaba el desvío de la conversación. Les pregunté, entonces, por no dejar la palabra a mi amiga, si habían ido a la selva. El poeta indio respondió, encogiéndose de hombros, que nada había que ver en ese rumbo..." (Página 74)
























